"- ¿Por qué te torturas de esa manera? Parece como si quisieras alejarte de todo el mundo, como si quisieras sufrir. No creo que seas mala persona. Creo que te mereces mucho más de lo que tienes."
Era verdad. Lo sabía entonces y lo sigo sabiendo ahora. A esa persona se lo negaba e intentaba alejarlo de ese pensamiento, porque necesito saber que esta es mi lucha, pero tenía razón. Es todo mucho más complicado de lo que parece en un principio, y es complicado plasmarlo en palabras o letras.
Inconscientemente me torturo. Me destruyo poco a poco. Necesito respirar humo. Lo he hecho siempre, unas veces por necesidad y otras por esa extraña suerte que me sigue para bien o para mal. Mi suerte (y mis acciones con ella) hace que me mueva entre dos mundos, que todas mis relaciones con las personas que me importan, amigos y amores, sean de amor-odio al mismo tiempo, y las personas intermedias, conocidos y desconocidos, sean sólo Amor o Odio. Para los objetos es similar: amor y odio. No hay grises. No hay punto medio.
La vida del martir no es para nadie, pero hay algo en mi interior, llamaló una intuición, llamaló deseo inconsciente, de morir por algo importante. Por o contra una persona o por o contra una causa, eso da igual. Morir o matar.
Hacer algo importante en la vida es dificil, pero nuestras accionen influyen inconscientemente la vida de todas las personas que nos rodean. La muerte es otra historia, influye a las personas cercanas, pero no de un modo sencillo de ver, normalmente menos de lo que imaginamos en un principio.
Todos vamos a morir, de eso no hay duda, y no me importa, ni tengo miedo, incluso puedo considerarlo una ventaja (en cuanto a que sería una jodienda vivir una eternidad, incluso si el resto de seres vivos duraran más tiempo), pero... ¿una muerte vacía? Eso carece de sentido.
Hay gente para todo, desde que los que creen que el amor les salvará, pasando por explicaciones divinas, hasta los que no le importa nada. Soy más bien de los últimos. Salvo por una cosa:
En la vida, se tiene control sobre nada, nacemos sin poder elegir el cuándo, vivimos arrastrados por la marea de caos, pero, sobre la muerte, se tiene un mínimo de control, la forma, localización y significado quedan, hasta cierto punto, en nuestras manos.
24 noviembre 2010
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