06 diciembre 2010

El viaje

La mayor parte de las veces lo que importa no es el destino, si no el viaje.
Unos ejemplos prácticos: El Señor de los Anillos, la Guerra de las galaxias, Los tres mosqueteros, Hamlet... Don Quijote no sería recordado si no atacara molinos, si no viajara con Sancho y no persiguiera a Dulcinea.
Los finales son secundarios, tanto si "gana" el bien, como el mal, si vuelve a haber esperanza o el mundo es corrompido.
El viaje implica cambio, tanto interior como exterior. Se gana en sabiduría, en experiencia.
La mayor parte de las películas o libros son así. O se centran en el desarrollo del argumento, despreocupandose a veces de la propia trama o se enfocan en el principio y el final rodeando las mentes de los personajes.
La vida también es así. El principio y el final son los únicos parámetros fijados y como personajes y directores (sin apenas poder de dirección) de nuestra historia buscamos nuestro viaje. Un viaje que puede ser personal, metafórico, que no requiera moverse un sólo centímetro de la hipotética seguridad de nuestras casas, o ser, en sí mismo, una aventura real, en el sentido más estricto de la palabra, navegando los siete mares, volando por diferentes países, o conociendo los secretos de alguna cultura ancestral.
Sin embargo, siempre hay que tener cuidado de que el viaje no nos absorba del todo, seguimos siendo nosotros mismos, nuestros códigos morales y de conducta aunque bajo presión deben aguantar si de verdad creemos en ellos La mente debe de estar abierta sobre todo a nuevas ideas, pero los ojos deben de estarlo más.
Si nos perdemos en nuestro propio laberinto estamos perdidos.

¿Dónde vais a viajar vosotros?