Tras el choque llega la resaca.
La indecisión condena a personas inocentes.
Quedamos sólos, rodeados de gente, pero separados. Nos vamos a casa y te observo, tu me vigilas, observada.
Bailas como un fauno saltando y danzando despreocupada alrededor de un sócrates sin futuro. Al final desapareces, pero este lobo cínico no termina su sorpresa.
No voy a volver a esa mecánica autodestructiva con nadie, de hacernos daño el uno al otro, de quemarnos, putearnos y jodernos para al final odiarnos.
Esperaré. No voy a conformarme con una sombra.
0*/3-4.
12 octubre 2011
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